Hail, Trump
Que el dinero y la educación no siempre van unidos es algo que se puede apreciar saliendo a la calle o simplemente leyendo revistas del corazón.
Que el poder y el respeto no sólo no son sinónimos sino que habitualmente son lo contrario se ha puesto de manifiesto repetidamente a lo largo de la historia (incluso en las aulas, en el trabajo, ...).
Pero cuando el exceso de dinero y poder se une a la falta de educación y respeto y además se junta con una cierta legitimidad democrática se puede producir un cóctel explosivo en el más literal sentido de la palabra. Los primeros días del gobierno del señor Trump parece que certifican que acumula una cantidad de dinero y poder inversamente proporcional a su nivel de educación y respeto.
La buena noticia es que los medios de comunicación facilitan una más rápida y efectiva respuesta social a la deriva radical y xenófoba de nuestro amigo americano, la mala es que el poder y el alcance de este gobierno son muy superiores a los de su predecesor alemán de hace casi un siglo. Y mira cómo acabó aquello.
Solo nos queda esperar que la reacción social que se está poniendo de manifiesto en muchos lugares sea capaz de hacer entender a los gobiernos democráticos de lo que se denomina primer mundo, que la diferencia entre la calidad de vida de esta sociedad y la de países que anteponen otro tipo de principios (basados en el seguimiento estricto de la religión y la diferenciación basada en el sexo y el color de la piel) se deben principalmente a los principios de tolerancia en que se han apoyado.
Que esto no siempre ha sido así es evidente, tanto como que la radicalización de la sociedad y la intolerancia han sido la causa de los mayores conflictos que el mundo ha padecido.
Que nos sea leve el siglo XXI.
Hail, Trump!
Que el poder y el respeto no sólo no son sinónimos sino que habitualmente son lo contrario se ha puesto de manifiesto repetidamente a lo largo de la historia (incluso en las aulas, en el trabajo, ...).
Pero cuando el exceso de dinero y poder se une a la falta de educación y respeto y además se junta con una cierta legitimidad democrática se puede producir un cóctel explosivo en el más literal sentido de la palabra. Los primeros días del gobierno del señor Trump parece que certifican que acumula una cantidad de dinero y poder inversamente proporcional a su nivel de educación y respeto.
La buena noticia es que los medios de comunicación facilitan una más rápida y efectiva respuesta social a la deriva radical y xenófoba de nuestro amigo americano, la mala es que el poder y el alcance de este gobierno son muy superiores a los de su predecesor alemán de hace casi un siglo. Y mira cómo acabó aquello.
Solo nos queda esperar que la reacción social que se está poniendo de manifiesto en muchos lugares sea capaz de hacer entender a los gobiernos democráticos de lo que se denomina primer mundo, que la diferencia entre la calidad de vida de esta sociedad y la de países que anteponen otro tipo de principios (basados en el seguimiento estricto de la religión y la diferenciación basada en el sexo y el color de la piel) se deben principalmente a los principios de tolerancia en que se han apoyado.
Que esto no siempre ha sido así es evidente, tanto como que la radicalización de la sociedad y la intolerancia han sido la causa de los mayores conflictos que el mundo ha padecido.
Que nos sea leve el siglo XXI.
Hail, Trump!
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