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Madre solo hay una

Nunca estuve muy de acuerdo con las generalizaciones de ningún tipo, y esta es una de ellas. Hay personas que no tienen ninguna madre y otras que tienen más de una. Unas que nacen de su madre y otras que no. Las relaciones familiares depende del cariño y responsabilidad más que de los genes, y la fortuna marca arbitrariamente las personas con que te encuentras en la vida desde tus primeros instantes. Cuestión de suerte. Personalmente, he tenido tres abuelos (y otras tantas abuelas), pero quienes realmente han quedado en mi corazón no han compartido conmigo más ADN que el que la casualidad haya dispuesto poner. Y me considero muy afortunado por haber contado con unas personas cuyo cariño y ejemplo me ayudó a crecer y ha marcado toda mi vida aunque no aparezcan en mi árbol genealógico. Pero hablamos de madres. Escucho a menudo opiniones generales sobre lo que todas las madres hacen, que todas las madres se preocupan de sus hijos, todas las madres ... La maternidad que conozco es...

Hail, Trump

Que el dinero y la educación no siempre van unidos es algo que se puede apreciar saliendo a la calle o simplemente leyendo revistas del corazón. Que el poder y el respeto no sólo no son sinónimos sino que habitualmente son lo contrario se ha puesto de manifiesto repetidamente a lo largo de la historia (incluso en las aulas, en el trabajo, ...). Pero cuando el exceso de dinero y poder se une a la falta de educación y respeto y además se junta con una cierta legitimidad democrática se puede producir un cóctel explosivo en el más literal sentido de la palabra. Los primeros días del gobierno del señor Trump parece que certifican que acumula una cantidad de dinero y poder inversamente proporcional a su nivel de educación y respeto. La buena noticia es que los medios de comunicación facilitan una más rápida y efectiva respuesta social a la deriva radical y xenófoba de nuestro amigo americano, la mala es que el poder y el alcance de este gobierno son muy superiores a los de su predecesor ...

El patrón de la patera

Cuando el grupo de refugiados, huyendo de la guerra, el hambre, la persecución y la miseria llegaron a la orilla, se encontraron en la playa con un grupo de embarcaciones dispuestas a llevarles a un futuro mejor.  Detrás, la certeza de una pasado de problemas y penurias; al otro lado de la mar, la incertidumbre y la esperanza de un futuro mejor. En medio, un grupo de patrones junto con sus tripulaciones que, a cambio de su dinero, les prometían un viaje seguro hacia la paz, la estabilidad, la seguridad.   Los viajeros comenzaron a agruparse en torno a las embarcaciones, eligiendo a cuál confiar su futuro y pagando los abusivos precios que les pedían por el pasaje los diversos patrones en medio de mil promesas inciertas. Poco a poco, la mayoría se decantó por la patera azul y trató de convencer al resto para que se unieran a ellos con el objetivo de alcanzar el número mínimo de ocupantes exigido por la tripulación para iniciar el viaje. En vista de este movimiento, un ob...

Los chicos del pueblo no pueden jugar

Y es una pena, porque todos quieren. A todos les encanta en fútbol, y aunque a veces aprovechen para darse patadas en el campo, luego siempre se ponen de acuerdo para repartirse las chuches que los mayores les dan al verlos jugar así, tan entregados. Pero no pueden jugar, y eso que han trabajado un montón preparando el campo, arreglando las porterías, limpiando las gradas del campo... siempre a las órdenes de los capitanes de cada equipo. Porque eso sí. De vez en cuando, cada equipo se junta y elige a su capitán. Es una puesto muy importante, porque no solo decide cómo y por dónde juegan, sino que es el que manda: -Tú de portero, tú de defensa, tú... El problema es que los capitanes tampoco se llevan demasiado bien entre ellos, porque aunque en general todos los chicos son amigos fuera del campo, cuando uno llega a capitán hay que demostrar que el equipo propio es mejor, y para eso hace falta demostrar que "los demás son peores ¿o no?" -Sí, capi!!! Y es que nadie sabe ...

Marianín no tiene balón

Mariano no tiene balón. Y eso que su pandilla es la mayor del barrio, hay quien dice que no juegan muy limpio pero en general los chavales que no van con un grupito fijo acaban juntándose con la tropa de Marianito. Pero no tienen balón, y necesitan juntarse a otros para echar un partido. Pedrito sí tiene balón, aunque un poco desinchado y echo polvo... Su balón ya no es lo que era y por eso algunos de su pandilla se han largado con Pablito, que tiene un balón nuevo recién estrenado. Es un buen balón, aunque algunos niños se han sentido decepcionados al verlo porque Pablito se ha pasado un montón de tiempo diciendo que era una maravilla y luego tampoco era para tanto. La pandilla de Pablito anda medio peleada con la de Pedrito porque siempre están discutiendo a ver quién corre mejor la banda izquierda, de modo que Pablito se ha juntado con algunos chicos que andaban un poco distanciados del resto pero que tienen un juego de izquierda espectacular. Eso ha hecho algunos de su grupo se...

El hombre y los huevos

Había un hombre padre de familia con 8 hijos que, tras una temporada difícil, quedó en el paro y andaba haciendo chollos para subsistir. Algunas veces, este hombre cobraba en especies y una de estas le dieron una docena de huevos. El hombre empezó a caminar a su casa con la docena de huevos y decidió llamar a su mujer para comentarle que llegaría a casa a la hora de comer. Rajoy dijo a su mujer que se preparasen a no comer mucho porque no había bastante para todos. Pedro Sánchez le dijo a su mujer que habría huevos de sobra y le pidió que invitara a los vecinos. Pablo Iglesias le dijo a su mujer que la gran abundancia de comida que había conseguido resolvería sus problemas para siempre. Albert Rivera le dijo a su mujer que el tiempo era soleado. Cuando llegó a casa, se dio cuenta de que 4 de los huevos se habían roto por el camino, de modo que solo quedaban 8. Rajoy repartió medio huevo a cada uno y guardó los otros 2, pero con el tiempo se le pudrieron y no sirvieron pa...

Mercado Global, pobreza local.

En un pueblo de tamaño medio había una tienda de ultramarinos, de esas que venden casi de todo lo referente a alimentación. Compraba sus productos a los granjeros y agricultores locales y abastecía a su pequeño mercado local. También había un taller, que reparaba los vehículos de la zona y de vez en cuando sacaba un extra vendiendo un coche, una furgoneta, ... Y  había un bar, un colegio, una ferretería, ... comercios pequeños, con clientes pequeños y negocios pequeños, un banco, un abogado... Los pequeños negocios, los terrenos, las granjas, pasaban de padres a hijos y el pueblo crecía poco a poco sin que nadie se hiciera rico. Cada cual era dueño de su trabajo y sabía que el precio de las cosas estaba relacionado con el trabajo necesario para conseguirlas: un kilo de patatas correspondía al esfuerzo que el agricultor hacía para cultivarlas, a las lluvias o sequías, ... el mecánico estrenaba un traje cuando alguien se compraba un coche y el abogado... bueno del abogado no hablam...