El patrón de la patera
Cuando el grupo de refugiados, huyendo de la guerra, el hambre, la persecución y la miseria llegaron a la orilla, se encontraron en la playa con un grupo de embarcaciones dispuestas a llevarles a un futuro mejor.
Detrás, la certeza de una pasado de problemas y penurias; al otro lado de la mar, la incertidumbre y la esperanza de un futuro mejor. En medio, un grupo de patrones junto con sus tripulaciones que, a cambio de su dinero, les prometían un viaje seguro hacia la paz, la estabilidad, la seguridad.
Los viajeros comenzaron a agruparse en torno a las embarcaciones, eligiendo a cuál confiar su futuro y pagando los abusivos precios que les pedían por el pasaje los diversos patrones en medio de mil promesas inciertas. Poco a poco, la mayoría se decantó por la patera azul y trató de convencer al resto para que se unieran a ellos con el objetivo de alcanzar el número mínimo de ocupantes exigido por la tripulación para iniciar el viaje.
En vista de este movimiento, un observador presente en la operación se entrevistó con el patrón azul
para intentar entender el por qué de esta elección mayoritaria. El marino habló de su experiencia como navegante, de la pericia de su tripulación, de la seguridad de su nave, y justificó los inauditos precios del pasaje por la seguridad de la singladura y la certeza de alcanzar la otra orilla. En su opinión, la mayoritaria elección de su oferta por los viajeros que compraban su pasaje daban fe de la valía de su equipo y su propuesta.
Acto seguido, el observador habló con uno de los viajeros que más elocuentemente trataban de convencer a otras personas para que se unieran a su elección para iniciar cuanto antes la navegación en la barca azul, y recibió esta respuesta:
Sabemos que nos roban y no confiamos mucho en llegar a buen puerto, pero las otras barcas tienen agujeros mayores.
Detrás, la certeza de una pasado de problemas y penurias; al otro lado de la mar, la incertidumbre y la esperanza de un futuro mejor. En medio, un grupo de patrones junto con sus tripulaciones que, a cambio de su dinero, les prometían un viaje seguro hacia la paz, la estabilidad, la seguridad.
Los viajeros comenzaron a agruparse en torno a las embarcaciones, eligiendo a cuál confiar su futuro y pagando los abusivos precios que les pedían por el pasaje los diversos patrones en medio de mil promesas inciertas. Poco a poco, la mayoría se decantó por la patera azul y trató de convencer al resto para que se unieran a ellos con el objetivo de alcanzar el número mínimo de ocupantes exigido por la tripulación para iniciar el viaje.
En vista de este movimiento, un observador presente en la operación se entrevistó con el patrón azul
para intentar entender el por qué de esta elección mayoritaria. El marino habló de su experiencia como navegante, de la pericia de su tripulación, de la seguridad de su nave, y justificó los inauditos precios del pasaje por la seguridad de la singladura y la certeza de alcanzar la otra orilla. En su opinión, la mayoritaria elección de su oferta por los viajeros que compraban su pasaje daban fe de la valía de su equipo y su propuesta.
Acto seguido, el observador habló con uno de los viajeros que más elocuentemente trataban de convencer a otras personas para que se unieran a su elección para iniciar cuanto antes la navegación en la barca azul, y recibió esta respuesta:
Sabemos que nos roban y no confiamos mucho en llegar a buen puerto, pero las otras barcas tienen agujeros mayores.
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